Recuerdo que cuando era una niña, en una visita a mi padre Juan R. Morejón en la prisión de La Cabaña, mi abuela Dolores sacó a escondidas un pañuelo en su cuerpo. Al llegar a la casa con lágrimas en sus ojos lo abrió y me dijo: “Este es Jesús, el hermano de Teodoro, él lo pintó, es perfecto, igualito como él era antes que lo fusilaran”. Era una pintura de un rostro impresionante, joven y lleno de vida; y la guardó en el escaparate. Todos los días yo buscaba el pañuelo, miraba aquel rostro por largos ratos. La verdadera historia de Jesús y otros la conocí cuando era una adolescente; sin embargo, el dolor y la tristeza de sus familiares y amigos no han dejado de ser el mío.

El 11 de septiembre de 1962 fueron fusilados por el régimen castrista en la cárcel La Cabaña tres valientes jóvenes cubanos prisioneros políticos: Jesús González Alvarado, de 26 años; Valerio Vasallo Becerra, 22 años; y Emeterio García Rodríguez, de 17 años. Según Roberto Azcuy y mi padre Juan, prisioneros de esta causa, había dos niños condenados a muerte: Teodoro González y Emeterio García. A Teodoro le conmutaron la pena de muerte por la condena de 30 años, los carceleros lo sacaron de la capilla donde se encontraba su hermano Jesús y lo llevaron para la galera junto a la población penal. Momentos antes del fusilamiento un grupo de guardias fueron a la galera donde estaba Teodoro, lo llamaron y le dijeron con un sadismo propio de matones: “No te vayas de ahí, para que escuches la descarga que acabará con la vida de tus amigos”. Teodoro cumplió 26 años de cárcel en posición de rebeldía; en la prisión todos le llamaban “El niño”. Vive hoy en Miami con ese dolor. El daño psicológico ha sido tan profundo que todavía no puede disfrutar de fiestas. ¿Cómo olvidar semejante crueldad? Cientos de miles de cubanos murieron por luchar en contra del sistema comunista castrista.

“¿Cómo vamos a decir: “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada? “Mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo. Patria no sólo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo. Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria… Y la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, ¡pero no tienen patria! (fragmentos del discurso de Fidel Castro Ruz el 4 de enero de 1959, plaza de Camagüey).

Según Informe Demográfico Anual divulgado por el régimen de Cuba, 46.662 cubanos abandonaron la isla de forma permanente en el 2012; en los últimos cinco años 195.000 personas han salido definitivamente del país. El programa televiso estatal “Cuba dice” informó que más de 1.900 emigrados cubanos han solicitado residir nuevamente en Cuba. Ninguno es exiliado.

La guerra que pronosticó Fidel Castro contra los americanos, también la hizo contra los propios cubanos. Penetra y destruye con su aparato de la Policía política a organizaciones, amigos y familias. Cuba no es libre, en las cárceles hay cientos de presos políticos y de conciencia, incluyendo mujeres. Los que torturaron a mi padre en prisión son los mismos que torturaron durante casi 12 años a mi esposo Oscar Elías Biscet y a otros prisioneros políticos.

Muchos años estuve sin poder acariciar el rostro de mi papá que sólo veía a través de dos rejas. Mi padre en Cuba fue un campesino, trabajador y honrado. En el exilio trabajó como jardinero; hoy anciano y enfermo sufre mucho, y frecuentemente me dice: “Hija quisiera morir en Cuba”. Yo le digo: “Papá, piensa en vivir, no en morir”. Éste es el deseo de miles de cubanos que hace brotar de mis recuerdos a nuestro apóstol José Martí cuando dijo: “Pide piedad para los que sufren, fuerza para los que esperan, energía para los que trabajan. ¡Ora mucho, hermano mío, por tu pobre tierra! ¡Ora por ella!”.

 

 

 

Elsa Morejón

Publicado en Diario las Americas . 6-10-2013

 

 

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