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@ElsaMorejon

Ser madre es una gran bendición, ser padre una dádiva del cielo.

Josh McDowell, en su libro titulado. “El padre que yo quiero ser”, expone Las diez cualidades del corazón que facultan a nuestros hijos a tomar decisiones correctas. En el prólogo de este libro están estas hermosas palabras, “Todo padre quiere que sus hijos se sientan amados, seguros; desarrollen una reputación de personas íntegras busquen el consejo de los padres, le admiren y respeten como padres”.

Muchos países conmemoran el tercer domingo de junio el Día del Padre. Es mi deseo felicitar a todos los padres del mundo y muy especialmente a los perseguidos, marginados y presos en Cuba por levantar sus voces en contra de las violaciones de los Derechos Humanos en mi país. Y compartir con ustedes la hermosa historia de un gran cubano.

El Dr. Eduardo Francisco Rodríguez Hernández, médico eminente que se destacó por su humildad y bondad para con las personas, lo que le valió el título de “Padre de los pobres”. El Dr. Rodríguez, nació en Cuba, el 11 de mayo de 1852, estudió en el colegio Humanidades de Jesús de Santa Clara. A los 13 años ya tenía su título de Bachiller e ingresa en la Universidad de la Habana a estudiar medicina.

Panchito, llamado así cariñosamente por su pueblo, no solo fue un eminente médico y cristiano sino un gran patriota. Cuando cursaba el tercer año de medicina, apenas con 16 años de edad, estalló La Guerra de los Diez años, y se dispuso a ocupar un puesto de honor entre un grupo de patriotas que todo lo sacrificaban en aras de la libertad patria, trasladándose para EEUU, incorporándose a la expedición de Lillian que saldría para Cuba. La expedición fracasó, el Gobierno Americano embargó el buque Filibustero. Fracasada la expedición, estudió inglés y tres años después terminó los estudios de medicina en la Universidad de New York, donde le reconocieron los estudios que había realizado en Cuba. Realizó exámenes de oposición entre muchos médicos para ganar una plaza vacante en dos hospitales: el Clarity Hospital y el Bllevne Hospital, y obtuvo el primer lugar.

Más tarde se trasladó a varios países, en París realizó estudios de especialidades en medicina, en Barcelona revalidó el título y trabajó como médico ayudando a los pobres. En Guatemala recibió grandes honores por parte del Gobierno.

Rodríguez regresó a Cuba en 1884 y se casó. En 1887, después de dar un gran testimonio de fe, fue bautizado y ordenado como Pastor el 22 de febrero de 1901, desempeñó su pastorado por más de 20 años en la Iglesia Bautista de Sagua la Grande en Sancti Spíritus. Y trabajó sin remuneración alguna hasta la hora de su muerte.

El Dr. Rodríguez falleció el 28 de junio de 1913. Al día siguiente, cuando su cadáver era conducido al cementerio, Sagua la Grande ofrecía un espectáculo significativo. Todos los obreros cesaron en su trabajo, todo el pueblo participó en el funeral, todas las puertas permanecieron cerradas y las luces encendidas en señal de luto, todos los rostros estaban tristes, había fallecido el padre de los pobres, panchito, el amigo de todos y todos le lloraban y lamentaban. Más tarde, el pueblo y los feligreses por medio de una colecta pública le hicieron una estatua en su honor a la entrada de la Ciudad de Sagua la Grande. Esta estatua perdura a pesar de los años y los embates del comunismo en la Isla.

A.S. Rodríguez, biógrafo, quien le conoció personalmente, dijo: “El Dr. Rodríguez fue un médico eminente, notable tratadista, un elocuente orador, un conferenciante erudito y un atildado escritor. Pero más que nada, y por encima de todo, era un filántropo, un hombre que hacia el bien por el bien del bien mismo. Su estatua tiene un inspirado simbolismo , aparece Panchito vistiendo toga, sentado y con un libro en la mano, mientras que a sus pies se encuentran obreros agradecidos, madres que lo bendicen y besan la fimbria de su vestido por la sanidad de sus hijos, esa es la primera estatua erigida en Cuba a un evangélico Y si bien es cierto que no se erigió por el hecho de ser Bautista, su condición de tal no puede ignorarse ni ser pasada por alto, porque ella seguramente ayudó a perfeccionar su carácter y a embellecer su vida, esa vida tan bella y ese carácter tan perfecto que el pueblo de Sagua la Grande y de Cuba supo apreciar y dignamente honrar”
publicado el 16 de junio en http://www.diariolasamericas.com

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